Cuento Nº3
El conocido científico en robótica el señor Alexander Valles conocía al pie de la letra la magnificencia de su última creación. El robot definitivo y perfecto. Durante 50 de sus 60 años de vida recopiló información acerca de las emociones y el comportamiento humano. Hasta que al fin, después de numerosos intentos fallidos, utilizó toda esa información de manera correcta y puso en funcionamiento a SOLEDAD. SOLEDAD era el primer robot sin deficiencia alguna. Años y años de información estaban almacenadas en sus celdas de memoria, lo que la hacía perfecta. Podía responder, sin margen de error, a cualquier estímulo como lo haría cualquier ser humano. Pero antes de dar a conocer el invento que sería la catarsis de toda una vida de investigación y dedicación quiso jactarse de su logro ante su mejor amigo. El cientista político, sociólogo, psicólogo y letrado Alfredo Villanueva. Su discusión acerca de las relaciones humanas y la ciencia llevaba años sin llegar a un fin concreto, pero esta vez tenía algo a su favor.
Don Alexander se puso en marcha, y como era costumbre, caminó hasta la casa de su compañero de debates. Esta vez el camino no fue tan solitario, ya que se hizo acompañar por su ahora fiel compañera SOLEDAD. Esta atraía las miradas de cualquiera con quien se cruzara, ya que su apariencia era muy particular. Tenía el cabello rubio y la tez blanca, ojos claros almendrados y muy vivaces. Aparentaba unos 18 años y tenía una figura perfecta. Era una cosa muy rara en estos días en que la juventud y la fertilidad escaseaban.
Al fin SOLEDAD y Alexander habían llegado a su destino. SOLEDAD se mostró bastante sorprendida al ver la casa de Alfredo. Era una mansión muy imponente con un estilo propio del siglo XX como fueron en sus tiempos las mansiones de Beverly Hills. Alexander no podía ocultar su mirada de satisfacción al ver a SOLEDAD reaccionando de una manera tan perfecta. Cruzaron el enorme y lujoso parque que antecedía a la entrada, conversaron unos segundos con Jaime, el mayordomo y luego entraron para encontrar a Alfredo en la enorme biblioteca. Alfredo vestía una bata y estaba sentado en una silla de madera que parecía una antigüedad muy valiosa. En su mano derecha sostenía un libro mientras que en la izquierda una pipa humeante que acercaba a su boca con sistemática frecuencia para tomar bocanadas de humo como en un compás perfectamente armonioso.
-Por favor tomen asiento.-extendió la mano y ofreció dos sillas que estaban allí vacías esperando a las visitas como por arte de magia-
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-Tu esmero por la perfección maniática a veces me aterra Alfredo.-Alexander casi no pudo ocultar una incipiente sonrisa.-
-No más que tus aberraciones de metal mi querido amigo. Pero veo que ahora estás acompañado.
-Disculpe mi descortesía. Mi nombre es Soledad. Soy la última creación del doctor Alexander
Los ojos de Alfredo casi se salieron de sus órbitas cuando se dio cuenta que lo que estaba frente a él no era un ser humano sino un robot. La textura de su piel era perfecta, y la cara de susto que se le dibujó cuando comenzó a examinarla fue lo más tétrico.
-Veo que te has pasado de los límites -dijo Alfredo-. Esto es más de lo que una persona razonable puede tolerar. Tus fierros retorcidos que acostumbraban vagabundear por tu laboratorio están muy lejos de lo que has alcanzado. ¿Cómo has hecho para que tenga un aspecto tan real? ¿Habla muy claro? ¿Cuántas emociones es capas de imitar?
-La verdad es que me enorgullezco de haber creado una forma de vida perfecta –Alexander infló el pecho y se irguió sobre la silla en un gesto muy altanero-. Ya no habrá metal en mis futuros proyectos. SOLEDAD es la conclusión de todas mis investigaciones biológicas, sociales e informáticas.
Su información está almacenada en un procesador biológico y mecánico que actúa de manera más eficiente que nuestro cerebro. No tiene neuronas, pero si tiene nanoterminales de almacenamiento. Cuándo se ve expuesta a una situación determinada, el procesador biológico busca la información necesaria en la nanoterminal correcta para así responder tal cuál lo haría un ser humano. El secreto está en que sus reacciones no son una burda imitación electrónica como se ha hecho hasta el momento. Sino que es un conjunto de reacciones eléctricas y químicas tal como lo hace nuestro cerebro. Así es como puede sentir miedo, decepción, sueño, nostalgia, felicidad o aquello de lo que tú tanto hablas… Eso que es inigualable, el único privilegio de los humanos… El amor.
-Esto me ha superado por completo. Me cuesta mirarla con ojos ajenos, se ve demasiado humana y la vez tétrica. Pero créeme que con esto no probarás nada Alexander nada. Sabes muy bien que los sentimiento de un ser humano no pueden ser imitados por un títere como éste. El alma es algo que jamás tendrá.
-¿Alma? –Alexander frunció la nariz y se atusó la barba que le había dejado como recuerdo la última semana de trabajo- Eso es ridículo Alfredo. SOLEDAD es la prueba viviente que arrojará por la borda todos esos mitos. Ella piensa como nosotros y siente como nosotros porque la he dotado de un órgano superior a nuestro cerebro. Sus nanoterminales no se marchitarán como nuestras neuronas. Porque tu romanticismo no te deja ver más allá de tu nariz y no te deja ver con claridad que tu bien llamado amor no es más que una reacción química que nuestro cerebro interpreta. Tal y como lo hace SOLEDAD.
-¿Y qué impide que tu esbirro se salga de control? Es perfecta y funcional, pero puede ser seducida por una suerte de ambición o imitación de aquel sagrado sentimiento ¿Quieres convertirte en el creador de la raza que nos terminará de extinguir?
-¡Pero Alfredo! Faltaba más –Alexander soltó una carcajada que demoró bastante tiempo en acallar- ¿Qué no te das cuenta que es imposible? SOLEDAD ni siquiera necesita ser controlada. Ella me ama a mi y a la raza humana… Sería incapaz de levantarse contra alguien siquiera.
Luego de las risas de Alexander vino un silencio bastante incómodo que se dejo caer en la sala por varios segundos. Luego de aquello Alexander, satisfecho por haber presumido a SOLEDAD, decidió retirarse porque aún había mucho trabajo que hacer.
Más tarde y camino hacia el laboratorio, sin que Alexander lo notara, SOLEDAD comenzó a gesticular de manera muy extraña. Su rostro parecía retorcerse en mil imágenes: Reía, lloraba, gritaba, se burlaba, presumía y todas las sensaciones imaginables se dibujaron en su rostro a una vertiginosa velocidad. Pero solo unos segundos duró aquello. Porque después comenzó a murmurar, y en su casi inaudible voz parecía distinguirse un repaso de la conversación que había sostenido con Alfredo. Al final de su murmullo se vino sobre ella un silencio… Un silencio que representaba el fin de una divagación extraña… y sus ojos brillaron con un tono que jamás se vería en ser humano alguno.
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